Lima, Lunes 13 de enero



Medio Ambiente


¿Cuál es el término “correcto”… orgánico, ecológico, agroecológico?

¿Existen diferencias conceptuales entre estos términos? 13 enero 2020 - 5:40 pm, 0 comentarios

El haber fundado la BioFeria de Miraflores, y a su semejanza, haber impulsado y apoyado más de una docena en Lima y en diversas regiones, nos expone a diario a numerosas personas con deseos de ofertar sus productos. Últimamente, como promotores del Mercado Saludable de La Molina, nuestra rutina de cada día es responder solicitudes de participación, con explicaciones acompañadas -por lo general- de mitos y de confusiones. Las dos más comunes son las siguientes,

Confusión 1. “Quiero vender mis productos ecológicos en su feria”.

Y cuando solicitamos nos indiquen la empresa que les certifica, nos responden “mis productos son ecológicos, no orgánicos”. En consecuencia, estas personas creen que la certificación otorga la cualidad de orgánico, y lo demás sin certificación es ecológico.

Confusión 2. “Quiero vender huevos ecológicos, que son mucho mejores a los huevos orgánicos que ustedes venden ahora”. Para estas personas lo orgánico es de calidad inferior porque desdeña los aspectos ambientales para enfocarse en la sustitución de insumos.

Sumemos a estas dos confusiones una declaración manifestada durante un evento agroecológico internacional en la que se aseguraba que ‘IFOAM promueve la agricultura orgánica principalmente para satisfacer los mercados, mientras que los de MAELA tenemos una perspectiva mayor, velando por el bienestar del campesinado, la promoción de la justicia social y la soberanía alimentaria, no somos adoradores del mercado’. Producto de esta “reflexión” surge el término ‘agroecológico’ como el legítimo/impoluto alternativo a los corrompidos ‘orgánico / ecológico’.

Así, bajo este contexto de entreveros, presentamos nuestros puntos de vista, en la humilde intención de colaborar con quienes recién se suman a este movimiento a que comprendan las motivaciones de estas discusiones, tan confusas como incoherentes.

Primero, recordemos algunos conceptos y qué entidades mundiales las promueven.

IFOAM (International Federation of Organic Agriculture Movements); es la organización mundial, paraguas de movimientos que promueven una producción orgánica; fue fundada en 1972 por Lady Eve Balfour, y reúne a más de 700 afiliados de 117 países.

“¿Qué es una agricultura orgánica (1)?

La agricultura orgánica (2) es un sistema de producción que mantiene y mejora la salud de los suelos, los ecosistemas y las personas. Se basa fundamentalmente en los procesos ecológicos, la biodiversidad y los ciclos adaptados a las condiciones locales, sin usar insumos que tengan efectos adversos. La agricultura orgánica combina tradición, innovación y ciencia para favorecer el medio ambiente que compartimos y promover relaciones justas y una buena calidad de vida para todos los que participan en ella.

Nota (1) Aprobado por la Asamblea General de IFOAM, en Vignola, Italia, en junio 2008

Nota (2) Los términos orgánico, ecológico y biológico son considerados sinónimos

OJO con la nota 2 de esta definición que es clave, para IFOAM Los términos orgánico, ecológico y biológico son considerados sinónimos”

¿Qué indica IFOAM sobre los aspectos sociales y de equidad?

“Principios de la agricultura orgánica. Congreso de IFOAM 2008

El principio de la salud

La agricultura orgánica debe sostener y promover la salud de suelo, planta, animal, persona y planeta como una sola e indivisible.

El principio de la ecología

La agricultura orgánica debe estar basada en sistemas y ciclos ecológicos vivos, trabajar con ellos, emularlos y ayudar a sostenerlos.

El principio de la equidad

La agricultura orgánica debe estar basada en relaciones que aseguren equidad con respecto al ambiente común y a las oportunidades de vida.

El principio del cuidado

La agricultura orgánica debe ser gestionada de una manera responsable y con precaución para proteger la salud y el bienestar de las generaciones presentes y futuras y, del ambiente.

A nivel mundial, poco después de la conformación de IFOAM, se constituyeron movimientos regionales, como MAELA (Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe), en 1992; sus miembros suman más de 150 instituciones que provienen de diversos sectores (campesinos, ONG, académicos, etcétera).

Todas las organizaciones, a nivel mundial, debieron alimentar sus compromisos y principios en fuentes originales conceptuales. La Enciclopedia Británica indica “Los conceptos de agricultura orgánica fueron desarrollados a principios de 1900 por Sir Albert Howard, FH King, Rudolf Steiner y otros que creían que el uso de estiércol animal (a menudo convertido en compost), cultivos de cobertura, rotación de cultivos y controles de plagas biológicos resultó en un mejor sistema de cultivo. Dichas prácticas fueron promovidas por varios defensores, como J.I. Rodale y su hijo Robert, en la década de 1940 y en adelante, que publicaron la revista Organic Gardening and Farming y varios textos sobre agricultura orgánica. La demanda de alimentos orgánicos fue estimulada en la década de 1960 por la publicación de Silent Spring, de Rachel Carson, que documentó el alcance del daño ambiental causado por los insecticidas.

El artículo completo en https://www.britannica.com/topic/organic-farming

Muy posteriormente, Susanna B. Hecht, colaboradora en el libro Agroecología: Bases científicas para una agricultura sustentable, editado por Miguel Altieri, nos dice,

El uso contemporáneo del término agroecología data de los años 70, pero la ciencia y la práctica de la agroecología son tan antiguos como los orígenes de la agricultura. A medida que los investigadores exploran las agriculturas indígenas, las que son reliquias modificadas de formas agronómicas más antiguas, se hace más notorio que muchos sistemas agrícolas desarrollados a nivel local, incorporan rutinariamente mecanismos para acomodar los cultivos a las variables del medio ambiente natural, y para protegerlos de la depredación y la competencia. Estos mecanismos utilizan insumos renovables existentes en las regiones, así como los rasgos ecológicos y estructurales propios de los campos, los barbechos y la vegetación circundante.

Y agrega,

¿Qué es la agroecología?

El término agroecología a llegado a significar muchas cosas, definidas a groso modo, la agroecología a menudo incorpora ideas sobre un enfoque de la agricultura más ligado al medio ambiente y más sensible socialmente; centrada no sólo en la producción sino también en la sostenibilidad ecológica del sistema de producción. A esto podría llamarse el uso «normativo» o «prescriptivo» del término agroecología, porque implica un número de características sobre la sociedad y la producción que van mucho más allá de los límites del predio agrícola. En un sentido más restringido, la agroecología se refiere al estudio de fenómenos netamente ecológicos dentro del campo de cultivo, tales como relaciones depredador/presa, o competencia de cultivo/maleza.

El libro completo en http://agroeco.org/wp-content/uploads/2010/10/Libro-Agroecologia.pdf

Hasta aquí todo indica coincidencias, por tanto ¿por qué se sigue insistiendo en que los términos orgánico, ecológico, biológico, agroecológico definen producciones “diferentes”?

El porqué, y cuándo surge la discrepancia, aún es una incógnita para nosotros.

Por razones estratégicas -y de sentido común- nosotros valoramos que los términos orgánico, ecológico, biológico y agroecológico son sinónimos.

Traigamos a memoria la línea histórica del tema.  Luego de la segunda guerra mundial, los terrenos europeos dedicados a la agricultura debían recuperarse. Ya por esa época se conocían escritos como ‘El testamento de agricultura’, publicado en 1943, un condensado de más de veinte años de buenas prácticas en la agricultura, cuyo objetivo era aportar a una producción que perdure la salud del suelo.  En este contexto de dedicación hacia el mejor manejo de cultivos, surgen casi simultáneamente numerosos grupos de agricultura, dirigidos por líderes, quienes entre ellos debatían permanente y constantemente la corriente «verdadera». En concreto, cada tribu y su gurú se peleaban por el liderazgo de la verdadera senda hacia una agricultura limpia.  En 1972, varias asociaciones de tales agricultores mandaron al diablo a sus «líderes» más sectarios y formaron IFOAM.

Bajo este marco de ‘IFOAM’ se reconocieron con un mismo espíritu de practicar una agricultura respetuosa de las leyes y los ciclos de la naturaleza, no importando «cómo» se denominaban.

La situación volvió a conflictuarse tiempo después cuando algunos grupos fueron acusados de desviarse del camino «adecuado y acordado» porque priorizaban lo altamente productivo y netamente comercial a lo prudente y racional desde el punto de vista biológico.

A partir de esta «desviación», es que aún desconocemos quién en concreto lanzó el juicio que tal desviación se denominaba «orgánico» y empezaron a hacerle bullying, tanto a quienes se definían como orgánicos como al término en sí. De hecho el comentario debe haberlo manifestado algún gurú, y los seguidores lo repiten como loros.  En síntesis, los que se denominaban «orgánicos» estaban estigmatizados.

Por la época, Miguel Altieri definió en una frase a un tipo de agricultura predominante en EEUU, cuyo objetivo es básicamente comercial porque muda de una producción convencional a una ecológica y viceversa, en función de los precios del mercado. La bautizó como agricultura de «sustitución de insumos», donde los principios y la visión quedan en segundo plano. Pensamos que es la mejor descripción de ese tipo de agricultura, que logra cumplir con las normas oficiales para alcanzar la certificación orgánica, pero cabalmente difiere en principios y enfoque de una ‘agricultura orgánica / ecológica’.

Con el nacimiento de MAELA (Movimiento Agroecológico de Latinoamérica y el Caribe) en 1992, los aspectos sociales y políticos del movimiento campesino y la crítica a IFOAM por su afán de satisfacer mercados, nos deja el sabor que se busca simplificar y ridiculizar las propuestas de IFOAM, con el objeto de diferenciarse para aparecer como los héroes de la película.

Lo que parece quedar muy claro es que las críticas se agudizan tan pronto alguna/algún productor «se atreve» a salir al mercado «traicionando su esencia y contaminándose con el vil mercado». Recordamos una asamblea de MAELA, en Colombia, en donde se presentó una propuesta para declarar que la producción agroecológica sólo debía destinarse al mercado local, desaprobando la exportación y calificando a quienes osaran a ello como infieles al movimiento. Felizmente dicha propuesta fue desestimada por los mismos agricultores, quienes al tomar la palabra manifestaron su deseo de exportar.

Entonces, desde nuestro punto de vista, ¿qué opinamos sobre estas posiciones con su discurso confuso?

1) La costumbre de encasillar aquello que nos disgusta o con lo que estamos en desacuerdo distrae; más triste aún, divide.  Tomando en cuenta que somos el 2% o 3% de la agricultura mundial nos resulta improductivo y sin perspectiva la discusión de quién es (o no es). De otro lado ¿será de interés para las/los consumidores esta discusión? En absoluto, peor, les confunde, y a la larga hasta podría generarles desconfianza las discusiones internas, o lo más triste, que los convencionales se aprovechen de este «debate» sin sentido

2) Por lo comentado, nuestra conclusión es que, la discusión se ha centrado en terminologías cuando en realidad debiera centrarse en si la/el productor cumple con los principios de una agricultura que cuida el suelo (y los demás recursos naturales) para obtener alimentos saludables que realmente nutran

3) En los países de habla inglesa, los productores de esas localidades usarán el término ‘organic’; en los países de habla francesa / italiana usarán el término ‘biologique’; en los de habla española o alemana, ‘ecológico’; por ello las normas internacionales, equivalentes entre sí reconocen estos términos como sinónimos

4) Aquí en Perú, porque SENASA cumple con su status de ente supervisor de la agricultura orgánica/ecológica/biológica, estamos impedidos de usar dichos términos para nuestros productos a menos que se certifiquen por tercera parte; por ello desde el SGP (Sistema de Garantía Participativa) nos denominamos agroecológicos

5) Ciertamente, existen empresas poco éticas que cuentan con certificación porque cumplen con la norma, y nos preguntamos ¿por ellos debemos dejar de usar los términos orgánico, ecológico, biológico; renegando de todos los aportes de británicos, suizos, estadounidenses a las buenas prácticas de la agricultura?

6) Finalmente, consideramos un mal menor la existencia de una producción certificada como “orgánica / ecológica / biológica” bajo la visión / práctica estrecha de sustitución de insumos, porque siempre resultará peor el consumir alimentos con venenos de la agricultura convencional. En otras palabras, la discusión devendría en si la agricultura de sustitución de insumos resulta -o no- sustentable -o incluso- rentable

Debiéramos dedicarnos a fortalecer un movimiento que integre lo técnico/biológico, social y económico de manera equilibrada, algunos están más avanzados otros menos, pero todas/todos en el mismo camino.  Eso nos parece más productivo, aglutinador y pro-activo.

Los autores

Silvia Wú Guin. Es administradora de negocios agropecuarios y promotora de bioferias y mercados ecológicos. Ha sido fundadora y directora ejecutiva de RAE Perú Red de Agricultura Ecológica del Perú.

Fernando Alvarado de la Fuente. Es economista agrario. Ha sido fundador y presidente de RAE Perú. Actualmente es presidente del CAP Consorcio Agroecológico Peruano.


Fuente:

BIOCOMPARTIENDO

Número 02 del 2020 / domingo 12 enero


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